De equipos, ilusiones…y coherencia

Recientemente he tenido el placer de asistir a la entrega de premios que la Cámara de Comercio de León concede cada año a dos empresas exportadoras; concretamente, esta vez,  a Laboratorios Ovejero  y a Tecoi Corte. Galardones más que merecidos en ambos casos por su acreditada, y valiente,  trayectoria internacional.

En estas ocasiones procuro estar atenta, especialmente,  a los discursos de los premiados. Y tengo que decir que ambos me sorprendieron muy gratamente: fueron discursos poco encorsetados, frescos y creo que muy sinceros. Como público habitual de este tipo de eventos les diré que éstas son características que se agradecen en  el alma. Tengo la sana costumbre de  fijarme en  que conceptos, palabras o ideas son las más repetidas en cada caso, porque de ahí podremos deducir cuales han sido algunas de las palancas en las que se han apoyado esa empresa o esos empresarios para llegar al lugar en el que están, para conseguir lo que han logrado. Y que en el caso de ambos premiados  no era poco, precisamente.

El primero de ellos lo tuvo claro, creo que EQUIPO fue la palabra más repetida, o al menos la más sonora a mis oídos:  valoró su aportación, compartió el premio con ellos, y tanto fue así que al terminar su discurso no volvió al lugar que ocupaba junto a las autoridades; si no que, al bajar de la tribuna, se dirigió a la parte del público donde estaban sus personas más cercanas, y desde ahí siguió el resto del acto hasta la foto final. Podría parecer un pequeño  fallo de protocolo, pero a mí me resultó un acto espontáneo lleno de valor: del valor de la coherencia. No sólo dijo compartir el premio con toda la empresa, y con su equipo, si no que de hecho lo hizo,  colocándose junto a su gente recién recibido el galardón. Consciente o inconscientemente, en este sencillo gesto se resumía  toda la coherencia de sus palabras.

En cuanto al segundo caso, aquí no hay ninguna duda: la idea más repetida fue ILUSIÓN. De hecho llamó la atención el número de ocasiones en que insistió en lo mismo: ¡ilusión! En los comienzos, ahora y de cara al futuro, todo lo afrontaban con ilusión. Y no me quedo solo  en el uso de  la palabra, si no el cómo se dice, con qué entonación,  y hasta con qué postura corporal;  lo que nos indica que el premiado hablaba desde el corazón, con total sinceridad y  absoluta coherencia. Además tuve la fortuna de coincidir en el mismo restaurante con el grupo de personas  de esta empresa que habían reservado allí para celebrar el premio. Y así, a unos metros y mesas de distancia, y ya sin focos ni cámaras ni nada que nos obligue a fingir lo que no somos, puede observar un grupo de personas  jóvenes, alegres, y verdaderamente ilusionadas. Nuevamente un acto casual y espontáneo me permitió comprobar la deseada coherencia entre lo que se dice y lo que se vive.

Los puntos fuertes de ambas empresas son hacer equipo y tener ilusión. Casualmente dos actitudes que están al alcance de cualquier empresa

De modo que, resumiendo,  los dos puntos fuertes de ambas empresas son hacer equipo y tener ilusión. Casualmente dos actitudes que están al alcance de cualquier empresa, grande o pequeña, nueva  o veterana, local o internacional… Dos virtudes empresariales que no dependen de lo que hagan el Gobierno ni la Junta y que tampoco dependen de lo que haga o deje de hacer mi competencia o el mercado; dos palancas que solo dependen de mí y de mi empresa. Dos puntos fuertes con los que reforzar mi estrategia empresarial  y compensar los aspectos menos favorables del entorno en el que tenga que actuar en cada momento. Las empresas premiadas sin duda disponen  también de tecnología, patentes, mucho trabajo detrás, y grandes profesionales a su servicio. Pero no tengo ninguna duda que ellos mismos ponen, porque así lo dicen y lo demuestran, el acento de su éxito en la importancia del equipo y de trabajar siempre con ilusión.

Y aquí viene la reflexión final… el tercer ingrediente para el éxito que añadía yo en el título: la COHERENCIA. De nada sirve a un empresario o empresa, político u organización predicar, llenarse la boca (y los discursos) de palabras bonitas, recetas infalibles, e ideas ideales que suenan fenomenal y que me hacen parecer un tipo listísimo, si mi relato no es coherente, si lo que hago y lo que digo están a años luz, y si mis palabras van en una dirección y mis hechos van justo en la contraria. Eso sí,  con excusas buenísimas que me cuento a mí mismo en estos casos y en las que el responsable curiosamente nunca soy yo…  ¿a qué les suena un poco?

Como propósito para el nuevo año, que  está casi aquí, quizás exigirnos un poco más de coherencia no estaría mal: Si total, la teoría ya nos la sabemos casi todos… ¡lo único que nos falta es actuar! Una frase muy conocida afirma que vale más un gramo de acción que una tonelada de intención. Revisemos por favor esos estados de whatsapp o las mil frases motivadoras compartidas en redes sociales hasta la saciedad o, sin ir más lejos,  la misión, visión y valores que predica nuestra propia página web (si la tenemos),  y dediquémonos por favor a cumplir un poquito más,  servidora la primera. Con un pasito cada día, al final del 2018 habremos  logrado mucho. ¡Vamos!  ¿Quién se anima?